20 nov. 2010

:)



Se levantó de la cama con el pie izquierdo ese dia, llevaba dias que todo le iba mal, no soportaba su nueva casa en la ciudad.
Con lo primero que tuvo a mano se vistió y salió a la calle.
Era insoportable.Levanto la cabeza enre la multitud y no era capaz de ver el suelo, la calle era un mar de cabezas. En el tiempo que tardó en volver a bajar la suya le habían dado ya tres empujones sin disculpas y con el cuarto cayó al suelo. Antes de levantarse del todo volvieron a chocarse con ella y cayó de nuevo.
Se quedó ahi. El mar decabezas iba de un sitio a otro sin ver nada, la pisaban y pasaban de largo sin dejar de mirar al frente.
No podía salir de allí, y parecía que era invisible,hasta que empezó a poner zancadillas, y como si no tuvieran identidad fuera de esa masa, todos fueron cayendo rápidamente.
Entonces se levantó por fin, y se quedó ahi de pie, viendo la calle que antes no podía ver, y mientras sonreía volvió a su casa caminando sobre la manta humana.


10 sept. 2010

Regreso al futuro

Como cualquier otra mañana, Alicia abrió los ojos y caminó medio dormida hacia al baño. Nunca conseguía despertarse del todo si no era echandose agua fría.
Con la cara entre sus manos, se incorporó y quedó frente alespejo.

Había apartado por fin las manos de la cara mojada y se encontraba mirandose al espejo, pero esa no era ella.

3 sept. 2010

Ella y nada más



Abrió los ojos en una nube de polvo, con un pitido sordo en los oídos que retumbaba por dentro.
Tirada en el suelo, levantó la cabeza llena de tierra y miró a su alrededor. No consiguió ver nada.
Clavando los dedos en la tierra se arrastraba lentamente, con mucho esfuerzo. A cada paso sentía el calor de su sangre derramándose por su sucia piel.
Era inútil gritar, nadie podría oírla allí.
Tenia que huir, pero a cada paso estaba más debil, su piel se desprendía al contacto con la metralla y el aire contaminado la hacía adormecer. Ya no le quedaba mucho tiempo y quería salir de allí.
Pero ¿a dónde iba a ir? Ella ya lo había destuido todo.

26 ago. 2010

Un día soñé...



Un día soñé que nunca te había conocido. Y lloraba, y reía... Estaba atrapada en lo que me liberaste y libre en lo que me atas. Gastaba mis labios en labios extraños, y gastaba mis manos escribiendo en un papel lo que podría haberte contado.
Y volaba, y gritaba. Y me avergonzaba y me enorgullecía.
No confiaba en nadie, y nadie confiaba en mí.
Era dura. Nadie me conocía y nadie podía hacerme daño. Nadie me amaba, y aprendí a amarme más a mí.
No te necesitaba porque no existías...
Pero desperté.


17 jun. 2010

Michelle


Se despertó temprano. La ropa ya estaba cuidadosamente colocada sobre su sillón: un alegre vestido de verano, unos zapatos de tacón de un color vivo, y un pequeño pañuelo de flores para su fino cuello.

Después de maquillarse minuciosamente corrió a vestirse, y pronto ya se encontraba completamente arreglada, mirándose al espejo. Su blanca piel parecía brillar. Sonriéndose dulcemente, con esa alegría que solo aparece ante el amor, se recolocó bien el pañuelo y salió por la puerta.
Saboreaba cada segundo, bajaba cada escalón disfrutando de la sensación de estar cada vez un poco más cerca de quien iba a buscar. Y así, lentamente recorrió cada paso hasta la estación, sonriendo a todos a su paso.

Miró por milésima vez el pequeño papelito doblado que guardaba en el bolso. El tren estaba a punto de llegar. Se colocó justo en frente de donde pronto aparecería y abriría las puertas su esperado tren, y con él todas sus ilusiones, que se ataban a un mismo punto desde su corazón.

Cada segundo notaba como la cuerda dejaba de tensarse, y cada vez estaba más holgada, más relajada, cada vez sentía los dos puntos más cerca. ¡¡Allí está!!

Su sonrisa se amplió aún más a medida que las puertas iban abriéndose. Tenía esa postura de dulce nerviosismo que solía adoptar: muy derecha, con sus dos manos delante sujetando un pequeño bolso y la cabeza levemente inclinada hacia abajo sonrojada.

Fueron saliendo los pasajeros. Una mujer con un carrito de bebé se chocó con ella y la despertó de su ensoñación por un momento. Miró a su alrededor y se dio cuenta que no quedaba nadie, todos habían salido. El tren se iba con nuevos pasajeros y ella estaba allí sola.

Otra vez será, pensó, y volvió a casa con su vestido, con su pañuelo, sus tacones y su pequeño bolso, pero ya sin su sonrisa.

1 jun. 2010

Tic tac

Te odio!

Te odio porque no te alcanzo.
Te odio porque te escapas,
porque desapareces,
porque te pierdes y todo se pierde contigo.

Te odio porque eres efímero,
porque eres insignificante,
porque mueres y me haces morir.
Te odio porque no eres mío.

4 may. 2010

La gran obra

Acababa de terminar su primer cuadro hacía menos de 24 horas y ya tenía otra idea en la cabeza. Nunca había ido a clases de pintura ni nada parecido, pero se sentía tan bien pintando… había sido su primer gran descubrimiento.
Tumbada en la cama boca arriba, miraba sin atención su triste techo blanco, que iba iluminándose progresivamente por los rayos de sol que dejaban pasar las cortinas. No quería moverse, no podía. Aquella noche una idea genial le vino a la mente para un cuadro. Quería expresar una idea tan genial, un sentimiento con tanta fuerza que tenía miedo de empezar a pintar, y sabía que cuando se levantara ya no habría vuelta atrás. Tenía que pintar ese cuadro como sea, hasta le dolía tenerlo atrapado en su cabeza.
De golpe y sin pensar de levantó de un salto, y esquivando montones de ropa, encontró sus calcetines de pintar (No tenían nada especial, eran viejos y estaban rotos y llenos de pintura, pero le gustaba tenerlos puestos, eran su pequeño talismán), se los puso, mordisqueó un trozo de pan que quedaba en la mesa del día anterior y colocó su nuevo lienzo.
Hasta entonces no se había dado cuenta de lo verdaderamente grande que era, pero ahora que lo veía dentro de aquella habitación vacía era como si hubiera comprado una nueva pared. Así que cogió un enorme pincel y empezó su obra.
Al principio fue cauta, iba poco a poco, trazo a trazo, con una delicadeza escrupulosa. Y así fue capa tras capa, día tras día.
Un mes después solo había conseguido una gran plasta aceitosa de colores mezclados, y su idea arañaba el interior de su cráneo. Casi podía sentir como sus poderosas uñitas iban haciendo virutas de hueso.
Aquello le dolía, pero a la vez la dotaba de una fuerza que jamás había sentido, y así fue expresándolo en su cuadro, con trazos cada vez más enérgicos, más rápidos, cargados de ira por la impotencia de no poder conseguir lo que quería, y a la vez de una ilusión por conseguirlo que llegaba a asustarla.
Llevaba días enteros pintando cuando tuvo que parar a reponerse, a comer algo y a tomar algo refrescante que le liberara de aquel sofocante calor de verano mediterráneo. La nevera estaba completamente vacía… ¿cuántos días habrían pasado?
Sin dudarlo salió a la calle con la ropa más fresca que más rápido pudo encontrar al supermercado más cercano. Hasta entonces no había sido consciente de que su hambre fuera tan atroz pero una vez allí, no pudo parar de coger un alimento tras otro, una bebida tras otra, pasillo tras pasillo.
Cuando llegó a la caja se dio cuenta de que no tenía dinero, y el amable tendero quiso fiarle al menos parte de la comida a aquella muchacha tan extrañamente atractiva, incluso se ofreció a ayudarla con las bolsas, ya que ni siquiera llevándose un tercio de lo que había cogido podría llevarlo sola hasta su casa.
Una vez arriba, el sol iba desapareciendo, y el calor se iba con él, aunque el olor a pintura y aguarrás era verdaderamente insoportable allí dentro.
Mientras ella colocaba las cosas, o hacía que las colocaba cuando realmente estaba comiéndoselas sin ningún pudor, el tendero miraba su cuadro inacabado.
Cuando ella se dio cuenta, dejó la comida y fue directa hacia él. Le gritaba, pero éste parecía un poco aturdido. Oh… ese olor…
Abrió las ventanas de aquel cuarto, sentía la brisa ya casi nocturna de aquellos días de verano, sentía las cortinas acariciándola movidas por el viento. Em… ¿las cortinas? Aquello no era una cortina, era una persona, era aquel tendero. Ella se giró y le empujó contra la pared pintada, y en aquel segundo, millones de pensamientos pasaron por su cabeza, millones de emociones…y allí estaba, su idea… ¡Su cuadro! ¡Por fin!
Sin separarse del lienzo, y sin separarse el uno del otro, fueron acariciándose, y lo que en un principio fue débil y tímido se convirtió en un juego apasionado de colores aceitosos en un mar de sentimientos cruzados.
Amaneció, y tumbada en el suelo llena de pintura seca contemplo su gran obra, al fin estaba terminada.

17 abr. 2010

Aquella canción

Allí estaba ella, sola como siempre.
Después de demasiado tiempo en un trabajo desmoralizador en el que jamás hubiera pensado acabar se encontraba por fin en casa. Había estado deseando tener tiempo para ella desde hacía mucho, y ahora que lo tenía, se sentía vacía, absurda y sola.

Nunca había deseado formar una familia o tener una pareja. Toda su vida hasta ahora había estado dedicada a su trabajo. Quizás no fue buena idea pedir este descanso, pensaba, porque ahora añoraba todo eso y no tenía donde refugiarse.

Buscó en su pequeña cocina algo de café, y se lo bebió lentamente mientras fumaba en su sillón más cómodo.
Lloraba pensando en lo que había sido de ella, necesitaba sentirse viva de nuevo, y pensó en buscar un hombre, pero ¿qué sabía ella de hombres?, ¿qué sabia ella de disfrutar?... ¿qué sabía ella de vivir?

Rebuscó entre sus antiguos discos hasta encontrar una canción que le trajo recuerdos de un tiempo mejor, un tiempo en el que aún estaba llena de oportunidades, cuando aún nada estaba decidido y tenía unos sueños maravillosos sobre su futura vida.

Después de servirse una copa de los restos de una botella que ni recordaba, pasó frente a un espejo y se detuvo. ¿qué había sido de esa joven chica que un día fue? ¿qué había sido de esa tez tan brillante y ese cuerpo tan deseoso de vida?

En ese momento, la canción que no había parado de sonar se le antojó sensual, y quiso sentirse como ella. Apago las luces y en la penumbra que le ofrecían los rayos de luna que penetraban por su ventana fue desnudándose lentamente sin parar de mirarse, queriendo ver lo que ya no estaba. Y cerrando los ojos el tacto de su piel se le antojo terso, y sus labios carnosos, y sus pechos turgentes, y siguió así, acariciándose hasta que la canción hubo terminado.
Entonces abrió los ojos y volvió a ver lo que era, en lo que se había convertido, y llena de ira gritó maldiciendo al tiempo. Lloraba y gesticulaba bruscamente sin parar, hasta que tiró accidentalmente su copa.

Se quedó allí, en silencio, contemplando los pedazos de cristal en el suelo y la sangre que brotaba lentamente de sus pies descalzos. Entonces se inclinó muy lentamente y cogió un trozo de cristal, volvió a poner su canción y cerrando los ojos de nuevo, volvió a acariciarse lentamente, pero ahora de una forma más intensa, y no con sus manos, sino con el trozo afilado de cristal.
Sentía cómo la sangre resbalaba por todo su cuerpo. Se sintió viva por ultima vez.





5 abr. 2010

When she say nothing at all


Era tarde, y callada miraba a la ventana pensando.

Esa mañana se había encontrado con un viejo conocido, que tras invitarle a un café y una vez sentados, comenzó una conversación trivial, que derivó en una pregunta sin mucho interés: ¿Por qué elegiste tu profesión?

Ella se dispuso a hacer el comentario que mecánicamente salta con las tipicas preguntas de relleno preestablecidas como esa. Era lo que siempre había deseado, le gusta escuchar, quiera ayudar a la gente...El interlocutor quedó satisfecho y siguió con sus preguntas de cortesía.

La conversacion siguió de forma automática y superficial hasta la despedida, pero esa pregunta no dejó de dar vueltas por su cabeza: ¿Por qué?

Es cierto que siempre había querido ser lo que era pero, ¿realmente no había un motivo más profundo que eso?

Mientras escuhaba el relajante sonido de las gotas de lluvia chocando en el cristal suavemente, pensaba en su vida, en sus experiencias, y en lo que la había llevado hasta allí.

Es curiosidad, se decía, pero no era suficiente, no podía ser suficiente. Le gustaba buscar los porqués, trabajaba buscando porqués, y no podía obviar el suyo propio.
Las personas...¿por qué?... y entonces se dio cuenta. Quería conocer para estar prevenida, quería que no le volvieran a hacer daño, intelectualizar su dolor, justificar los defectos. Buscaba ser inmune al sufrimiento, pero sabía que era imposible.

Nunca se había sentido tan fragil, tan vulnerable, y nunca había deseado tanto ser fuerte, ser inmutable.

El amanecer la sorprendió aún en vela. Solo quería escapar de todo, quizás así podría empezar de cero... y quizás eso es lo que había deseado siempre.




4 abr. 2010

El final


Abrió los ojos y alli estaba, durmiendo a su lado. No pudo dejar de mirarlo.

Él abrió los ojos y se quedaron los dos en silencio, sin apartar la vista el uno del otro. No podían pronunciar palabra, ambos sabían que era la ultima vez.

Ella no quería levantarse de la cama, quería mantener esa sensación, quedarse así para siempre, y así se lo dijo a su compañero de cama. Él, por su parte, tenía una visión muy diferente del mundo, de las cosas, y sabía que ese no era su lugar, que no podía permanecer más tiempo a su lado aunque no quisiera separarse de ella. Así que se levantó delicadamente y comenzó a vestirse de espaldas a la cama. Sabía lo que ella pensaba y no quería ver su cara cuando él se fuera, así que sin decir palabra se puso los zapatos, abrió la puerta y se fue.

Y allí quedó ella, que no había dejado de mirarle desde que se despertó, que había ido dandose cuenta de la situación y sin decir nada la había aceptado, no sin sufrimiento. Se alegró de que él no se girara, no quería que la viera así, no quería que sufriera por ella, porque ese no era su lugar , no era su momento, y ambos lo sabían.

11 mar. 2010

El despertar

Mi historia comienza un día cualquiera, uno de esos días que pasan sin ser vistos, uno de esos días que por anodinos son invisibles.
Allí estaba yo, como un zombi siguiendo la rutina que toca, como alguien que tiene tan claro lo que debe hacer que no tiene ni idea de lo que quiere porque no se para a pensarlo.

Caminando por la ruta predeterminada de vuelta del trabajo creía pensar, cuando solo recordaba mi lista de cosas que seguían la secuencia del día. Entonces fue cuando, al doblar la esquina, me ocurrió uno de esos choques que le suelen pasar a las personas que como yo, andan demasiado ensimismadas y demasiado cerca de la pared, al igual que aquella chica.
No fue más de un segundo. Nos paramos en seco de repente, justo antes de entrar en contacto, sobresaltados. Ella me miró a los ojos, y ruborizándose, volvió su tez hacia el suelo para después volver a mirarme y lanzarme una tímida sonrisa. Luego, cada uno seguimos nuestro camino.

¿Qué tendría esa chica en la cabeza para ir así, tan ensimismada? ¿Sería estudiante? ¿Cómo será su voz? ¿La volveré a ver?
Fantaseaba con mi pequeño encuentro creando historias cada vez más inverosímiles cuando me dije que era ridículo e intenté volver a mi lista. Pero en el instante en que la realidad y mi fantasía se cruzaron (mi realidad tan estructurada, tan automática, y aquella fantasía espontánea tan fruto de mis deseos más profundos) algo se quebró dentro de mí.

¿Por qué había acabado así? Hay veces que la vida te lleva por caminos que no eran precisamente los que te hubiera gustado tomar, pero ese no era mi caso. Había tenido suerte, al parecer había tenido tanta que no había necesitado nunca plantearme nada.
-Que desdichado soy- me dije. Y entonces desperté.

24 ene. 2010

Adónde fueron despeñadas

¿Adónde fueron despeñadas aquellas cataratas,
tantos besos de amantes, que la pálida historia
con signos venenosos presenta luego al peregrino
sobre el desierto, como un guante
que olvidado pregunta por su mano?

Tú lo sabes, Corsario;
Corsario que se goza en tibios arrecifes,
cuerpos gritando bajo el cuerpo que les visita,
y sólo piensan en la caricia,
sólo piensan en el deseo,
como bloque de vida,
derretido lentamente por el frío de la muerte.

Otros cuerpos, Corsario, nada saben;
déjalos pues.
Vierte, viértete sobre mis deseos,
ahorcate en mis brazos tan jóvenes,
que con la vista ahogada,
con la voz última que aún broten mis labios,
diré amargamente cómo te amo.

Luís Cernuda