17 jun. 2010

Michelle


Se despertó temprano. La ropa ya estaba cuidadosamente colocada sobre su sillón: un alegre vestido de verano, unos zapatos de tacón de un color vivo, y un pequeño pañuelo de flores para su fino cuello.

Después de maquillarse minuciosamente corrió a vestirse, y pronto ya se encontraba completamente arreglada, mirándose al espejo. Su blanca piel parecía brillar. Sonriéndose dulcemente, con esa alegría que solo aparece ante el amor, se recolocó bien el pañuelo y salió por la puerta.
Saboreaba cada segundo, bajaba cada escalón disfrutando de la sensación de estar cada vez un poco más cerca de quien iba a buscar. Y así, lentamente recorrió cada paso hasta la estación, sonriendo a todos a su paso.

Miró por milésima vez el pequeño papelito doblado que guardaba en el bolso. El tren estaba a punto de llegar. Se colocó justo en frente de donde pronto aparecería y abriría las puertas su esperado tren, y con él todas sus ilusiones, que se ataban a un mismo punto desde su corazón.

Cada segundo notaba como la cuerda dejaba de tensarse, y cada vez estaba más holgada, más relajada, cada vez sentía los dos puntos más cerca. ¡¡Allí está!!

Su sonrisa se amplió aún más a medida que las puertas iban abriéndose. Tenía esa postura de dulce nerviosismo que solía adoptar: muy derecha, con sus dos manos delante sujetando un pequeño bolso y la cabeza levemente inclinada hacia abajo sonrojada.

Fueron saliendo los pasajeros. Una mujer con un carrito de bebé se chocó con ella y la despertó de su ensoñación por un momento. Miró a su alrededor y se dio cuenta que no quedaba nadie, todos habían salido. El tren se iba con nuevos pasajeros y ella estaba allí sola.

Otra vez será, pensó, y volvió a casa con su vestido, con su pañuelo, sus tacones y su pequeño bolso, pero ya sin su sonrisa.

1 jun. 2010

Tic tac

Te odio!

Te odio porque no te alcanzo.
Te odio porque te escapas,
porque desapareces,
porque te pierdes y todo se pierde contigo.

Te odio porque eres efímero,
porque eres insignificante,
porque mueres y me haces morir.
Te odio porque no eres mío.