31 ago. 2011

Blackbird



El aire silbaba suavemente por el hueco de la ventana que permanecía abierto. Le rozaba la piel suavemente mientras con los ojos cerrados escuchaba el sonido de su guitarra y los pequeños susurros de la noche, una noche tan oscura como había sido su vida. No veía más dentro de sí de lo que podía ver fuera, solo un negro que envuelve. Y tocaba la misma canción una y otra vez, oyendo solo su guitarra y la noche.
Entonaba suavemente algunos versos del tema con su ronca voz, hastiada de los años, que no de la vida, y sentía una sensación que inundaba su cuerpo, la mejor sensación que jamás había sentido.
Sus ojos, su vientre, sus manos, empezaron a impregnarse de una sensación que poco a poco invadió todo su cuerpo. Una sensación de miedo, y a la vez de calidez. De pasado y de presente. Una sensación de añoranza y de olvido. Y entonces expiró.