16 ago. 2014

La calma


Veo el agua
y la oigo,
y la siento cerca de mi piel,
fría.
Fluye bajo mis pies.
El brillo artificial la hace ver tan bonita corriendo...

Yo la miro,
en silencio,
atenta.
Disfrutándolo,
libre.
Como un murciélago solitario en la noche
sobrevolando una y otra vez el mismo pedacito,
por ser tan hermoso que no puede despegarse.

La brisa...
el tacto de la piedra...

y ya los sonidos de los camiones de la basura,
aunque estridentes,
se quedan pequeños ante el fluir del agua.

Ante los reflejos...
ante mi fluir...
ante el rizoma.

Y suena el agua a chorro,
y el agua lenta que fluye,
constante.

Y la noche susurra
y yo escucho atenta,
como el murciélago que, silencioso
prefiere darse un golpe
que romper la calma.



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